Son gigantescas concentraciones de gas y polvo en el espacio interestelar, compuestas casi en su totalidad por hidrógeno y helio. Pueden actuar como cunas donde nacen nuevas estrellas o bien formarse a partir de los restos expulsados por estrellas moribundas (como los remanentes de supernova o las nebulosas planetarias).

Se clasifican según su mecanismo de luminosidad o los procesos que las crearon. El término «nebulosa» proviene del latín para «nube», ya que su apariencia difusa las muestra similares a una neblina. En la antigüedad, este término se usaba por error en otros objetos borrosos como galaxias, debido a las limitaciones de los telescopios de la época.
Algunas nebulosas notables
Además de las nebulosas mencionadas, existen otras llamadas «oscuras», cuya tonalidad opaca que no deja ver las estrellas del fondo; algunos ejemplos son la nebulosa Cabeza de Caballo y el Saco de Carbón, en la Cruz del Sur.

Entre las nebulosas planetarias, algunos ejemplos muy atractivos para su observación son la nebulosa Hélice (NGC 7293), nebulosa del Anillo (Messier 57) o nebulosa Dumbbell (Messier 27); en el caso de remanentes de supernova, destaca la nebulosa del Cangrejo, cuya supernova fue vista por astrónomos chinos en el 1.054 d.C.
Tipos de nebulosa según su estructura
Nebulosas planetarias: Son capas de gas ionizado expulsadas por estrellas de masa baja e intermedia al final de su vida. El término «planetaria» es un error histórico: al observarse mediante telescopios antiguos, su forma redonda recordaba a los planetas gigantes. En su centro permanece el núcleo remanente de la estrella, una enana blanca, sostenida contra el colapso gravitatorio por la presión de degeneración de los electrones.

Nuestro Sol, se convertirá en una enana blanca con una nebulosa planetaria alrededor, hacia el final de su vida en unos 5.000 millones de años.
Remanentes de supernova: Son las estructuras que quedan tras la explosión violenta de una estrella gigante al final de su vida. Tienen formas irregulares debido a la fuerza con la que los restos salen despedidos y chocan contra el gas del espacio. Su vida como nebulosas es breve, pero son de gran interés astronómico porque emiten señales de radio muy intensas, producidas por partículas aceleradas a gran velocidad dentro de potentes campos magnéticos.

Ejemplos comunes de remanentes de supernova es la nebulosa del Cangrejo, o el remanente de supernova en la constelación de la Vela.
Tipos de nebulosa según el origen de su luminosidad
Nebulosas de emisión: Son aquellas cuya luminosidad y radiación es emitida por la misma nebulosa, es decir de sus propios polvo y gases que están ionizados (es decir con sus electrones arrancados producto de la alta temperatura).

Un ejemplo de este tipo de nebulosa es la conocida M42, o Gran Nebulosa de Orión (visible incluso a simple vista), zona en la cual se están formando estrellas nuevas. Muchos de estos objetos son bastante llamativos y ofrecen muy interesantes vistas a través de un telescopio.
Nebulosas de reflexión: Son aquellas cuya luminosidad no proviene de la misma nebulosa, sino que reflejan la luz de estrellas cercanas (análogamente, lo que serían los planetas reflejando la luz del Sol).
Un ejemplo de este tipo de nebulosa es el conocido cúmulo M45, las Pléyades, que reflejan la potente luz de las estrellas circundantes.

Nebulosas oscuras: Son aquellas cuyo polvo y gases tienen una tonalidad muy oscura, emitiendo muy poca luminosidad y más bien «tapando» las estrellas del fondo, pues en el cielo se la ve como una «mancha oscura» que no deja ver nada más allá de ella.
Un ejemplo de este tipo lo vemos en el Saco de Carbón, justo al lado del principal asterismo de la constelación Cruz del Sur, como se aprecia en la imagen del costado.

