Son instrumentos ópticos formados por dos pequeños telescopios refractores paralelos. Incorporan un sistema de prismas en su interior que permite acortar la longitud del tubo y corregir la orientación de la luz, evitando así que la imagen se observe de cabeza o invertida.

Aunque suelen ofrecer menor capacidad de aumento que un telescopio astronómico estándar, lo compensan con un campo de visión mucho más amplio y una observación panorámica más cómoda.Se especifican mediante dos medidas principales: el grado de aumento y el diámetro de la lente frontal en milímetros.
Por ejemplo, unos binoculares de 7×50 aumentan la imagen 7 veces y cuentan con una apertura de 50 mm. A mayor número de aumentos, el campo de visión se reduce de forma inversamente proporcional. De este modo, un modelo de 7×50 permite abarcar un área mucho más extensa del cielo o del paisaje (ideal para rastrear objetos en movimiento o localizar constelaciones), mientras que un modelo de 10×50 o 12×50 mostrará los detalles más cerca, pero encuadrando una porción del espacio sensiblemente más estrecha.
