Un popular objetivo entre los astrofotógrafos es un elusivo fenómeno que principalmente lo proporciona el Sol poco después de la puesta de sol (o poco antes de su salida) dura escasos segundos, sólo algunas veces es posible de plasmar en una fotografía y curiosamente también es el título de una interesante novela de Julio Verne: el rayo verde. Para entender por qué aparece aquel débil resplandor, baste decir que la atmósfera terrestre debe entenderse como un prisma, el cual refracta sólo algunos colores provenientes de la luz solar. Durante la mayor parte del día vemos el cielo de color azul, ya que la desviación de la luz visible correspondiente a esta longitud de onda (380 nm ~ 500 nm) es máxima, siendo la radiación predominante.
Cuando el Sol está bajo en el horizonte, su luz llega tangencialmente a la superficie y recorre más distancia (más atmósfera). Al moverse en un ambiente de aire bajo más denso, la luz se mueve algo más lenta, curvándose en la misma dirección que la curvatura terrestre. Las longitudes de onda (colores) que más se curvan son las de alta frecuencia (verde/azul), permaneciendo en la parte superior del Sol en el horizonte, hasta su puesta.
Para poder capturarlo en una fotografía, se precisa de una cámara capaz de abrir el obturador por lapsos tan breves como 1/4000’’ o 1/8000’’, y/o sean ampliamente configurables en parámetros como apertura y sensibilidad ISO, pues de otro modo la imagen se saturaría y sería imposible la exposición. Las puestas de sol en el mar, sin nubes, son una oportunidad excelente para intentar capturar el fenómeno. Capturar este fenómeno requiere algunas habilidades en fotografía, montar la cámara en un trípode fijo y ser muy cuidadoso al momento del enfoque, para evitar dañar los delicados sensores internos del aparato y, por supuesto, nuestra visión.
